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Prioritario definir una hoja de ruta, Costa Rica

Miravalles geothermal power plant, Costa Rica (source: picasa/ Conrad Shiba)
Abraham Ormad 19 May 2014

Gilberto de la Cruz Malavassi, director general de la Unidad Estratégica de Negocio del Centro Nacional de Planificación Eléctrica del Instituto Costarricense de Electricidad ha manifestado la necesidad de establecer un ahoja de ruta e Costa Rica de cara a cumplir con los objetivos y metas de largo plazo del sector eléctrico en el área de generación.

Tras el reciente ejemplo de Chile, donde se ha presentado una agenda energética y donde se ha definido una hoja de ruta mediante el establecimiento de siete ejes que definirán las medidas a seguir en temas energéticos, podría ser una opción a replicar también en Costa Rica, tras la reciente elección del nuevo presidente.

Adjuntamos este artículo del diario el país.cr donde se plantea el establecimiento de una hora de ruta en Costa Rica.

Con miras a satisfacer la demanda de energía eléctrica en Costa Rica hacia el año 2030, el país urge definir la ruta a seguir para cumplir con los objetivos y metas de largo plazo del sector eléctrico en el área de generación.

Esto es prioritario, considerando que las decisiones de expansión deben tomarse con mucha anticipación a la demanda, por el largo período de maduración de los proyectos.

Así lo manifestó Gilberto de la Cruz Malavassi, director general de la Unidad Estratégica de Negocio (UEN) Centro Nacional de Planificación Eléctrica del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), durante su participación en el Primer Foro Institucional 2014: Diagnóstico y prospección del desarrollo eléctrico en Costa Rica, que organiza la Comisión Especial Interdisciplinaria de la Rectoría, de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Según lo indicó de la Cruz, el Plan de expansión de la generación eléctrica y sus nuevas fuentes 2014-2035, propuesto por esa dirección y aprobado por el Consejo Directivo del ICE acorde con las políticas energéticas nacionales, propone tres rutas que tienen costos económicos similares y que deben analizarse por etapas, pero sin demora. “Entre más grande el proyecto, más influencia al resto del plan, más anticipación requiere y más impacto tiene la incertidumbre”.

Los dos proyectos más ambiciosos que contempla este plan incluyen el Proyecto Hidroeléctrico Diquís y la introducción del Gas Natural Licuado (GNL), siempre en combinación con el uso intermitente de otras fuentes renovables como la energía eólica y solar, y con un respaldo de plantas térmicas, que usan combustibles fósiles, para contrarrestar la variabilidad natural de las otras fuentes.  “Aunque la energía geotérmica es la más estable, existe el problema de que la mayoría de fuentes de ese tipo se encuentran en terrenos de los parques nacionales, por lo que el país tendría que tomar la determinación sobre si las explota o no”.

En todo caso para De la Cruz lo más importante es que la ruta elegida debe ser robusta y adaptable para atender cualquiera de los escenarios de la demanda.

Aunque el plan propone tres rutas, la recomendada por esa dirección es la denominada Ruta 1, que fija la entrada en operación de plantas térmicas complementarias entre el 2021 y el 2022 y la entrada en operación del proyecto Diquís, óptimamente en el 2025.  “Con esto se garantizaría la satisfacción de la demanda de energía hasta el 2040”, indicó de la Cruz.

Tanto la Ruta 0 como la Ruta 2, fijan siempre la entrada en operación del complemento térmico en el 2021-2022.  La 0 requeriría de la entrada en operación de una gran cantidad de proyectos menores alternativos y la 2 el inicio de la generación eléctrica con GNL, también en el 2025.

Mientras con la ruta 0, se corre el riesgo de que no existan suficientes proyectos preparados para entrar en línea oportunamente, tanto Diquís como la introducción del GNL presentan riesgos sobresalientes.  “La pérdida o atraso importante de cualquiera de ellos puede causar graves trastornos a la confiabilidad del sistema de generación –indicó de la Cruz- por lo que se debe tener un plan alternativo en cada una de las rutas de desarrollo”.

Además de posibles atrasos, un problema adicional que en criterio del Ing. De la Cruz presenta Diquís, es que el proyecto podría resultar inviable por aspectos sociales.  Con respecto al uso de GNL, los riesgos principales están asociados a la complejidad de las contrataciones y al desarrollo de la infraestructura para el manejo del gas.

Independientemente de todo para atender la demanda de energía eléctrica a corto plazo,  el país debe agregar alrededor de 50 megavatios (MW) de una fuente renovable en el 2018.

Inversiones necesarias

En la misma mesa de discusión y un día antes de asumir su cargo como Presidente Ejecutivo del ICE, Carlos Manuel Obregón Quesada, indicó que la situación tarifaria actual es consecuencia de 20 años de restricciones en cuanto a inversión en proyectos de generación, a las que fue sometido el ICE por los poderes ejecutivos anteriores.

“Creo que la lección aprendida es que a una institución como el ICE, que tiene una responsabilidad clara establecida por la ley y que tiene el respaldo de los ingresos tarifarios, se le debe permitir hacer las inversiones necesarias. Esto debería analizarse en el ámbito del país para que se conozca cuál ha sido la verdad en torno a este asunto”, sentenció.

Obregón explicó que históricamente el ICE siempre hizo con antelación las inversiones necesarias para atender la demanda, construyendo primero el embalse de Cachí, que era un reservorio grande para la época, y luego Arenal, que también tenía una capacidad superior a la demanda.

El problema es que por las razones apuntadas, no se construyó un tercer gran embalse que hoy hubiese permitido que el efecto de la sequía se reflejara mucho menos en las tarifas, ante el aumento en el uso de combustibles fósiles para la generación eléctrica. “Nos tocó una época seca con un sistema desbalanceado en cuanto a disponibilidad de recursos naturales entre invierno y verano, y eso ha tenido su efecto”, dijo Obregón.

El país, continuó, debe definir si desarrolla el proyecto Diquís o apuesta por un desarrollo eléctrico a partir de gas natural, el cual a su juicio presenta problemas principalmente por la cantidad de recursos que significan contratos por 20 años y la variabilidad de costos internacionales. “Como no contamos con gas natural en este momento, nos volveríamos dependientes como lo somos del petróleo en el transporte. A mi juicio hasta donde sea posible, deberíamos mantener la autonomía en la producción de energía eléctrica del país”.

Por eso, el nuevo Gobierno está dispuesto a establecer los mecanismos de comunicación que sean necesarios con grupos ambientalistas, indígenas y otros, con miras a explicarles la realidad sobre la necesidad de construir la represa de Diquís. “Hay que transformar la visión que existe de que en Costa Rica sobra el agua: en el país por razones ambientales o sociales, el agua es escasa y debemos aprovecharla en forma óptima”, concluyó.

Fuente: El País.cr

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